Álvaro vende backup y recuperación ante desastres. Suena a producto aburrido hasta que te sientas en la reunión: para comprarlo, el cliente tiene que contarte con detalle qué se le rompería primero.
Martes por la mañana, oficina acristalada dentro de un almacén de polígono. Grupo Ansorena, distribución de material sanitario, cuatro delegaciones, unos 380 empleados. Enfrente, Berta Iriarte, responsable de sistemas, con una carpeta llena de folios y cero ganas de vender humo. A los diez minutos entra el director financiero, se queda un cuarto de hora y se va.
Berta habla claro desde el principio. La copia nocturna va a una cabina que está en el mismo rack que los servidores que copia. El robot de cintas lleva parado desde marzo y nadie lo ha vuelto a mirar. Una restauración completa no la prueban desde 2023. Y en abril cifraron a un competidor suyo, que estuvo nueve días facturando en papel.
Si esta noche pasa algo, no sé decirte si mañana abrimos. Y eso es lo que me quita el sueño.
El financiero, antes de irse, suelta el dato que Álvaro llevaba toda la reunión persiguiendo: hasta veinticinco mil euros lo firma él; por encima va a consejo, y el consejo no se vuelve a reunir hasta la primera semana de octubre.
Lo que dejó hecho el copiloto
Cuando Álvaro cierra el portátil en el aparcamiento, la ficha ya está montada:
- Contacto: Berta Iriarte, responsable de sistemas. Prescriptora técnica, no firma.
- Empresa: Grupo Ansorena, distribución sanitaria, 4 delegaciones, ~380 empleados.
- Presupuesto: 25.000 € de firma directa del financiero. Por encima, consejo en la primera semana de octubre.
- Plazo: implantado y probado antes de la auditoría de febrero.
- Detonante: incidente de ransomware en un competidor, abril.
- Objeción abierta: ya pagamos una cabina que no usamos.
- Siguiente paso: propuesta en dos tramos, el primero por debajo de 25.000.
Corrige dos campos, le da a copiar y eso entra en el CRM. Lo que antes eran veinte minutos de dictarle notas al móvil en la autovía, con la mitad de los números ya borrosos.
El otro contenido de esa reunión
Porque en esos cuarenta minutos pasó algo más: una responsable de sistemas le describió a un proveedor externo dónde están sus copias, qué lleva medio año sin funcionar y cuánto tardarían en enterarse. Eso no es una nota de reunión. Es un mapa.
Si Álvaro hubiera metido en esa sala uno de esos bots que se conectan y transcriben, el mapa estaría ahora guardado en la infraestructura de una empresa que ni él ni Berta han elegido, sujeto a unas condiciones que ninguno de los dos ha leído. Y el NDA que firmó al entrar dice justo lo contrario.
Con Elffuss Copiloto no hay ese luego ya veremos dónde acaba. El audio se procesa en su navegador, en su portátil, sobre su propia GPU. No hay subida porque no hay a dónde subirlo. Exporta al CRM los siete campos de la ficha, que es lo único que su empresa necesita saber, y la transcripción entera, con las frases sobre el robot de cintas parado, se queda donde estaba y la borra antes de arrancar el coche.
Zero-trust no es una casilla que rellenas en el cuestionario de compras del cliente. Es que la conversación no tenga por dónde escaparse.
Antes de tu próxima visita, abre Elffuss Copiloto: se ejecuta entero en tu navegador, sin cuenta y sin subir ni un segundo de audio a ningún servidor.
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