Marta vende sistemas de visión artificial para líneas de montaje. Lleva ocho años en la misma ingeniería de Valladolid y su cliente del martes era una planta de componentes de automoción: un Tier 1 que fabrica para tres marcas y que, antes de dejarte pasar de recepción, te pone delante un acuerdo de confidencialidad de once páginas.
La cláusula que le complica la vida es siempre la misma: la información tratada en la reunión no puede comunicarse ni cederse a terceros. Suena a formulismo hasta que lo lees con cabeza. El año pasado su empresa probó uno de esos asistentes que se meten en la llamada y te mandan el resumen por correo. Legal lo tumbó en dos semanas: si la conversación viaja al servidor de otro para transcribirse, ese otro es un tercero. Da igual lo bonita que sea su política de privacidad. Marta volvió a la libreta.
Y la libreta tiene un problema conocido: el viernes por la tarde, rellenando el CRM de memoria, el presupuesto de un cliente se convierte en unos sesenta y pico y el plazo en para después del verano. Con eso se construye el forecast del trimestre.
Cincuenta y cinco minutos, cuatro personas
Esta vez Marta abrió Elffuss Copiloto en una pestaña del navegador y lo dejó escuchando encima de la mesa, a la vista de todos. En la sala: el responsable de calidad, el jefe de mantenimiento, la directora de planta que entró a los veinte minutos y un chico de compras que solo habló al final.
Cuando cerró el portátil tenía la ficha hecha:
- Contacto: Iván Sedano, responsable de calidad. Es el que sufre el problema, pero no firma.
- Quien decide: Pilar Aranguren, directora de planta. Entró tarde y en cuatro frases cambió el alcance del proyecto.
- Presupuesto: entre 60.000 y 75.000, con un remanente del ejercicio actual que hay que gastar o se pierde.
- Plazo: montaje en la parada de agosto.
- Objeción abierta: los falsos positivos del proveedor anterior. Quieren ver datos de una instalación parecida.
Si esto no está funcionando el primer lunes de septiembre, no nos sirve de nada.
Lo dijo Pilar sin levantar la voz, de pie, con el abrigo puesto. Esa frase vale más que todo lo demás que se habló esa mañana, y es justo la que se pierde cuando escribes a mano mirando al cuaderno en vez de a la persona.
En el aparcamiento, Marta pegó los campos en el CRM tal cual salían, uno debajo de otro. Sin reconstruir nada, sin redondear el presupuesto, sin inventarse el plazo.
Por qué esto no rompe el NDA
Porque no hay nadie al otro lado. El audio se procesa dentro del propio navegador, sobre la GPU del portátil de Marta. No hay subida, no hay cuenta, no hay servidor que reciba nada. Si desenchufas el router a mitad de reunión, el copiloto sigue trabajando igual.
Eso lo convierte en lo que era la libreta: una herramienta suya, no un proveedor con acceso a la conversación. Cuando compras se pone serio y pregunta quién trata los datos de esa reunión, la respuesta es corta: nadie más que la comercial que estaba sentada ahí. Zero-trust de verdad es esto, no una casilla marcada en un cuestionario de seguridad.
Abre Elffuss Copiloto en tu navegador antes de la próxima reunión: escucha, te deja la ficha del cliente lista para el CRM y no sube ni un segundo de audio a ningún sitio, porque no hay ningún sitio al que subirlo.
Abrir Copiloto →