Nuria vende software de partes de trabajo para técnicos de campo. El martes tenía visita en un polígono de Albacete: Instalaciones Bermejo, mantenimiento eléctrico industrial, una oficina pegada al almacén con una mesa, dos sillas y un calendario de una marca de cable.
Enfrente, Ramón. De los que piensan en voz alta y se corrigen sobre la marcha. No es desorden: es que va decidiendo mientras habla. El problema es que en un cuaderno eso no se ve. Se apunta lo primero que dice, y lo primero que dice casi nunca es lo que acaba queriendo.
- El plazo. Arrancó con «esto en septiembre lo quiero rodando». Veinte minutos después: «septiembre no, que entra la campaña de calefacción y no tengo a nadie». Al final: «enero, con el cambio de ejercicio».
- El alcance. Empezó hablando de sus 38 técnicos. Acabó en «empezamos por los seis de la brigada de industria; si eso funciona, el resto detrás».
- El dinero. No soltó una cifra hasta el minuto 41, y de refilón: lo que hoy paga a la gestoría por pasar los partes de papel a mano. Y una condición, dicha una sola vez y sin énfasis: «por usuario no; con 38 me sale un disparate».
Lo que quedó en la ficha
Al cerrar el portátil, Nuria tenía esto listo para exportar:
- Nombre: Ramón Bermejo — el apellido no lo dijo al presentarse, apareció en un «los Bermejo llevamos aquí desde el 92».
- Empresa: Instalaciones Bermejo, 38 técnicos («somos 40, bueno, 38 desde enero»).
- Cargo: gerente, firma la compra.
- Presupuesto: sin cifra cerrada, referencia = coste actual de la gestoría. Restricción dura: no acepta precio por usuario.
- Plazo: enero. (Descartados: septiembre, campaña de calefacción.)
Lo importante no es que lo recogiera todo. Es que se quedó con la última versión de cada cosa y guardó las anteriores como contexto, en vez de con la primera, que es lo que se queda el bolígrafo.
Y los otros cuarenta minutos
Porque en medio Ramón contó por qué la implantación anterior se les cayó, con quién la hicieron y en qué punto está el asunto con esa consultora. En un momento dado levantó la vista y dijo: «esto no lo apuntes».
Con una herramienta que sube el audio a un servidor, esa frase llega tarde. Cuando la dice, ya está subido. Puedes borrarlo después, pero el orden de los factores importa: primero sale de la sala, luego decides. Aquí no. El audio se transcribe y se analiza dentro de la pestaña del navegador, con la GPU del propio portátil. No hay una copia en ningún sitio esperando tu decisión.
Así que lo único que salió de ese despacho fueron cinco campos, cuando Nuria pulsó exportar. El resto se fue al cerrar la pestaña. Eso es zero-trust de verdad: no confiar menos, sino no tener que confiar.
Abre Elffuss Copiloto antes de tu próxima visita: corre entero en el navegador, sin cuenta y sin subir ni un segundo de audio a ningún servidor.
Abrir Copiloto →