Marta vende sistemas de trazabilidad a empresas de alimentación. El martes tenía reunión en una cárnica de Navarra, en la salita pegada al despiece, con un proyector que no encendía y un interlocutor, Iñaki Lasa, que lleva la producción desde hace dieciocho años y ninguna gana de cambiar de software.
La reunión fue buena. Iñaki soltó, sin que nadie se lo preguntara, cuatro cosas que valían más que toda la presentación: que tienen noventa mil aprobados para este ejercicio, pero que la partida es de mantenimiento y hay que vestirla de otra cosa; que el plazo no lo marca él, lo marca la auditoría IFS de principios de marzo; que quien firma es Ana Bereciartua, de dirección financiera, que no estaba en la sala y que ya dijo que no una vez; y que si llegan a la auditoría sin trazabilidad por lote, se les cae un cliente grande.
«Lo de ese cliente te lo cuento a ti. No lo apuntes en ningún sitio raro.»
Lo que tenía apuntado el copiloto
Marta no tomó notas en toda la reunión. Al terminar abrió la pestaña y la ficha ya estaba hecha:
- Contacto: Iñaki Lasa — Director de Producción
- Quién decide: Ana Bereciartua (financiera), no presente en la reunión
- Presupuesto: 90.000 € aprobados, imputados a mantenimiento
- Plazo: condicionado a la auditoría IFS de marzo
- Riesgo: pérdida de cliente si no hay trazabilidad por lote
- Próximo paso: propuesta en dos escenarios antes de fin de mes
Y entonces hizo algo que no había hecho nunca con un cliente: giró el portátil.
«Esto es lo que me llevo de la reunión. Dime si está bien.» Iñaki lo leyó entero y corrigió dos campos: el cargo —es Director de Operaciones, no de Producción— y el plazo, que la auditoría es la primera semana, no «en marzo». Después señaló la línea del cliente en riesgo y pidió que desapareciera. Marta la borró delante de él.
Zero-trust no es una promesa, es no tener dónde mirar
Ese gesto solo puedes permitírtelo si lo que enseñas es todo lo que hay. Con una herramienta que graba y sube, «te enseño la ficha» significa en realidad «te enseño una copia de algo que ya está en otro sitio, en manos de gente que ninguno de los dos conoce». Y borrar una línea delante del cliente, ahí, no borra nada.
En Elffuss Copiloto el audio se escucha y se analiza dentro del navegador, en el propio portátil. No hay cuenta, no hay servidor esperando el fichero, no hay una copia en tránsito. Cuando Iñaki dijo «no lo apuntes en ningún sitio raro», la respuesta honesta era corta: no hay ningún sitio.
Al CRM fue lo que tenía que ir: seis campos revisados por el propio cliente, un clic. La conversación entera se quedó donde se había generado.
Abre Elffuss Copiloto en el navegador antes de tu próxima reunión: escucha, te deja la ficha lista para exportar al CRM y no sube ni un segundo de audio a ningún sitio.
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